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EMOCIÓN Y PASIÓN

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LA VIDA DESGARRA A JIRONES EL ALMA Y EL VERSO LA ACOMPASA

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El Perro Vagabundo Hector Cediel Comentario por El Perro Vagabundo Hector Cediel el enero 27, 2009 a las 10:32pm
AL AMOR SALVAJE DE UN CUERPO LÉSBICO

Siento pena por la hemofilia despiadada que se ensaña, contra los hijos y las hijas de la naturaleza… y que no son errores absurdos de las manos de Dios… razono lástima por esos amores apasionados y profundamente sinceros, que el fuego de la mirada extraña enturbia con su malicia… infiero piedad por ese amor homosexual o lésbico, que escasamente sobrevive entre sombras y silencios…

Esta carta nace para esos amores inmortales, para esos amoríos eternos que se callan u ocultan, para que “el deshonor” no los mancille o la desgracia no caiga sobre el ser amado. No es fácil vivir sin pensar en cortarse las venas, al descubrir sobre el espejo un cuerpo o un sexo diferente… ¡No existen paraísos encantados ni islitas imaginarias, en este océano de mierda!!! No es fácil arrancarle el amargo al corazón, cuando las miradas inclementes de las mismas familias, los condenan sin la más mínima misericordia: ¡a la oscuridad!!!… a raptar por la vida como alimañas murtes…

Solo un Sol multicolor les promete una primavera a sus oscuros presentimientos… les he visto acariciarse las manos o rozarse el




pelo con una ternura inimaginada… o como cuidan a sus parejas con un celo felino… hasta hoy aquellos que les hicieron pedacitos sus vidas, heredaban el patrimonio de su esfuerzo; a veces fortunas acumuladas con un gran sufrimiento o trabajos forzados… despiadados… y que nunca llegaban ni le podían ofrecer la más mínima protección a sus efebas o efebos amados…

El amor puro es dulce y amable y no debe ser concebido como una tragedia; hay momentos en las relaciones que se gozan en la vida, que se consideran tan hermosas y suficientes, como para vivir de esos recuerdos por el resto de la vida; hay almas y cuerpos que nacen como si hubiesen sido concebidos exclusivamente el uno para el otro, pero se conocen en situaciones absurdas, como si sus caminos en la vida siempre fluyeran en contravía… creo en las almas gemelas y en los amores circunstanciales… creo en la energía atómica del amor que nos permite superar males o tragedias inimaginadas; el dolor siempre pondrá a prueba a nuestros sentimientos y cuando son sinceros, se saldrá siempre avante… todos vivimos con máscaras




y nos confundimos entre el mismo carnaval… entre esas marejadas de hormigas y eunucos…entre fariseos y falsos profetas… y quiméricas religiones… e ilusorios códigos…Jamás me ha interesado ni intentaría desenmascarar las almas, ni esas hermosas sonrisas de algunos amigos y amigas poetas y artistas. Nada es perfecto, ni siquiera la belleza ni la obra de Dios. Envidio los amores que se imponen sobre todo y sobre todos. El amor es el secreto más divino de la vida y de todo lo que nace o florece sobre la tierra; lo antinatural es encarcelar a los sentimientos, acallar los deseos, ahogar esas expresiones de cariño tierno que brotan de los rostros… ¡Siempre los grandes amores, serán inmortales, azules o verdes!!!

No es fácil imaginar a un ser querido sodomizado o sodomizada, empalado o empalada, montado o montada como una bestia por otra bestia; pero cuando se ama: el culo, el pene, la boca o la vagina, se transforman en rosa o en lirio; el fuego se transforma en un viento dulce para navegar y desaparece el amargo del miedo; la separación no es la solución para renegar a los designios de la naturaleza; la excitación que bordea el síncope solo se alcanza cuando el ardor de la pasión y el entusiasmo por el cuerpo deseado y amado, es sincero. Hoy se habla del




“camuflaje o del vivir escondido en el closet” pero no es garantía del poder huir de la voluntad del destino, de ese libreto que todos debemos interpretar en el teatro del absurdo, de ese rostro que es
la verdadera máscara del costal de pecados que habitamos. No es fácil sobrevivir a la mofa ni a la cruel tortura, de ese despiadado proceso de degradación a la que la “suciedad social”, somete a esos homosexuales, bisexuales, hermafroditas y tantas variedades o estilos de manifestación o comportamiento, que engendra la naturaleza; no podemos seguir educando para destrozar mentalmente a estas personas u ofreciéndoles como opciones de vida, actividades laborales marginales… tenemos que aprender y fomentar la piedad; esa piedad que el mismo Jesús nos enseñó cuando dijo: “Amaos los unos a los otros…” y cuando abrió los ojos, tuvo que rectificar a gritos: “Así no, así no…¡por Dios!!!! Se que no es fácil perdonar ni olvidar las ofensas o esas grandes injusticias, esos absurdos atropellos, pero hay que hacerlo para que el alma pueda sosegarse y respirar en paz.

No todo es placer y goce; en muchas ocasiones, estas pueden conducir como cualquier vicio hasta la catástrofe y la carne es un vicio capital; el celo homosexual es despiadado, brutal y



violentamente impío; no hay mula más ciega, que una bestia encachorrada; el amor obsesivo no concibe los sentimientos, sin poseer al cuerpo y el alma de su amante; el amor no es demoníaco, pero sus garras si lo son; el amor es un insaciable vampiro… solo otro amor es capaz de lograr un rescate exitoso; podemos jurar cientos de veces que no se volverá a ver a ese ser amado y odiado a la vez, pero el diablo es un artista en el camuflaje de sus tentaciones; siempre justificaremos a la tristeza o a la soledad, como culpables de la renuncia a nuestros juramentos y buenos propósitos; siempre creemos que las parejas son únicas y que es o será imposible encontrar otro u otra amante; nada encacorra más, que una prohibición sin argumentos; los amores obsesivos son ciegos y solo el sosiego acude de nuevo, cuando se logra el obstinado reencuentro. El amor y el desamor, son los estados ideales para darle ritmo o dinamismo a las creaciones artísticas y solo el enamoramiento es capaz de rehacer una vida por arruinada que se encuentre; nada restaura más que un apasionado beso… el amor homosexual y todos los amores viven entre el cielo y el infierno, por culpa de sus intensidades, de esos absurdos voltajes apasionados entre los que oscilan; sin amor, la vida para nadie tiene sentido y la naturaleza del hombre no es para comportarse ni actuar como un



autista, frente a la naturaleza de su destino, por absurda que sea. A veces pienso que el amor es bipolar, cuando se torna medio holgazán o facilista; por eso es fácil caer en el alcoholismo, la prostitución decente o esos cambios de pareja, sin razón ni sentido; en ese alcoholismo, comportamientos maníacos o en esos profundos abismos depresivos; a devorar obsesivamente para deformarse inconcientemente y no ser más atractivo o atractiva para nadie, nunca más en la vida. Vivir es morir gota a gota en cada suspiro… sangrando con pasión, hasta exhalar el último suspiro.

Pongo esta carta en el buzón céfiro de las tempestades, para que navegue sobre las olas de ese océano WEB y desmartille a la pólvora asesina de muchos sueños…

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
2008-05-01
hectorcediel@gmail.com hcediel1@hotmail.com
El Perro Vagabundo Hector Cediel Comentario por El Perro Vagabundo Hector Cediel el enero 27, 2009 a las 10:31pm
A los besos de una amante

Los lápices de la noche, escriben al ritmo tenebroso de las sombras: ¡Historias fantásticas, pero fantasmales!. No es fácil evitar la impaciencia, cuando se aguarda al destino en una cita a ciegas. Ayer pudieron llover peces del cielo, pero como siempre, el premio gordo del infortunio, lo ganaron los informales. Por falta e imaginación, los periodistas solo consideran noticia a la violencia y a las hecatombes. Oscilo como una hoja entre absurdos polos, intentando apagar los incendios de la incertidumbre. Siento mis alas como las de un gorrión, intentando salvar su nido del corazón de una tormenta huracanada; después de las grandes inundaciones, reina un profundo silencio; la ciudad se siente y se respira más limpia; para los damnificados es un leve suspiro, para reedificar o recoger los escombros. La historia de la vida, no es más que un rosario de historias absurdas; quizás soy fruto de esos cuentos irónicos o de esos poemas breves que se sienten inconclusos. Soy la nueva voz de los silencios profundos. He reencarnado al grito desesperado de los náufragos, cuando se adivinan dentro del vientre antropófago de un monstruo. Hemos emprendido cruzadas que nacieron perdidas, como todo lo que nace sin corazón o se engendra con mala sangre. Hay cartas que el tiempo desempolvará con vergüenza; e historias vergonzosas, que el tiempo intentará empolvar. Hay misivas que se envían sin ningún objeto y otras que intentan brillar como una estrella, para evitar que se arruinen nuestros sueños. Hay versos que intentan acciones desesperadas para satisfacer en un mínimo a otras almas. Hay manos caritativas que se impacientan, cuando se sienten impotentes frente al fracaso o a los chillidos malcriados de los necios. Tenemos que aprender a navegar la tierra y a superar esos momentos apocalípticos, que nos ajusticiaron sin razón alguna y nos desplazaron a vivir aventuras sin rumbo. Todos crecemos con una aureola de sueños y creemos que existe un Olimpo, que nos puede deparar una vanguardia gloriosa. Soplan vientos límpidos e inocentes, que hacen girar como una veleta mi luna. No siento como un delito, al tiempo que se cree perdido por dedicárselo al creacionismo poético, al bucear imágenes y castillos de naipes. Regresaré a buscar nidos perdidos, en la arboleda que sobrevivió a las rutas del fuego. Nuestro mejor amigo en la juventud fue nuestro padre y nos enseñó a apreciar a la vida, a la naturaleza, a ver personas en la gente, a que todos somos iguales y merecemos el mismo respeto; nos inició como caminantes exploradores, ya que como un excursionista e los Andes, fue de los pioneros del escultismo. Jamás olvidaré los campamentos en Pedro Palo, ni los momentos que compartimos confeccionando carpas y morrales, entre toda la familia. Los mejores años de mi vida los ajusticié, por insistir en caminar descalzo como esos tontos que creen que el empuñar un remo, los hace marineros expertos. No fue fácil aprender a vivir soñando viajes o aventuras, o tener por Capitán a un marino que se embarcaba siempre hacia la selva o destinos que muy pocas veces aparecían en el mapa; solo recuerdo que nunca nos hablaba de la guerra, de las masacres guerrilleras, ni nunca le conocí amante alguna. De él siempre recordaré las tertulias con sus amistades incondicionales y del alma, a quienes llegué a considerar: los filósofos de mi vida. Sin razón alguna, todos aceleraron su vuelo como Ángeles despistados. Siempre los rememoraré por esas idioteces que eran un elixir de carcajadas y una toxina burlona de una realidad política y social que daba lágrima. ¡Nuestra realidad ha sido un eterno nocturno! Donde todos formamos parte de un absurdo elenco de actores y actrices. Por esa época llegó la ardiente primavera de los años 60 y fue como saltar de la prehistoria al modernismo; fue una época de tornados y de huracanes; desde entonces me olvidé de mi mismo, por intentar darle una forma a mi vida; creí que la pluma podría reformar al mundo y desde entonces, los ideales me desterraron a vivir acelerados y absurdos vuelos, ricos en una tensión didáctica y en fracasos. He vivido como un frustrado marinero, añorando al mar caribeño que arrulló mis primeros sueños en un corralito de piedra; luego me dediqué a recoger o a quitar piedras, para que nadie se fuera a golpear contra ellas, incluyendo a mis hijos. Sobrevivir para muchos fue un arte o como aprender a caminar por entre caminos minados. Me dedique a escribir mapas mudos con sueños y a repartir cartas de navegación de mar, aire y tierra, ya que existen diferentes rutas hacia la primavera. Aprendí tarde que es una necedad sembrar boyas, porque solo se aprende a cabalgar, montando un caballo real. Perdí el orden cronológico de los nombres de mis amantes -como todos- y hasta olvidé la fecha en la que descendí por primera vez al infierno. Mi vida se transformó en un absurdo carrusel bipolar, entre la depresión y la euforia. Mis sueños marineros mutaron en obsesiones contra el naufragio; opté como opción e vida al docentismo del momento y viví los ahoras con diarrea. Fui sal y no semilla, para las musas que cautivé. Vivo enamorado del azul del viento y del verde de las estrellas como las palmas e cera. El erotismo volandero de las cigüeñas, puso a volar a mi corazón; le cambió el sabor a mi prosa amarga y mamertita; transformó en rosas a la sangre y en luz para las nuevas generaciones, los sueños oscuros que navegaban aferrados a los remos de las galeras. Del surrealismo solo recuerdo a los superhéroes y a las amistades peligrosas que me invitaban a conocer cultos religiosos; aunque me encanta la musicalidad espiritual de los versos e los salmos y los augurios del Apocalipsis. Deberíamos rebautizar los derechos reservados, en derechos de todos. Mis poemas o mis cartas de amor, nacieron sin títulos ni con nombres específicos, pero son una memoria de recuerdos y un profundo homenaje a mis marineras, a esas gaviotas que me acompañaron como rosas de los vientos en mis viajes. Una amante siempre será una capitana de bonanzas y de sus sermones amorosos, rescaté un mar de imágenes. Jamás olvidamos a las flores que se nos escaparon de las manos y se nos fueron vivas a los chiqueros. Para mí las cuatro estaciones fueron seis, como tríos los amoríos de pareja. Solo en las más negras agonías, se pueden concebir buenos versos. Los versos amartelados, nacen con un tono tonto, enfermo o agonizante, por carecer el fuego que inspiran las amantes y se quedan en una melodiosa rima que se desparrama sobre el papel como un tiovivo sin jinete. Los caballeros del diablo escriben la mejor poesía, teniendo por musas a las perdidas más simpáticas. Solo por un buen pecadito o una putita decente, se justifica bajar de la cruz. Me encantan las mujeres calladas pero que son atrevidas corzas, las que se comportan como tontas piratas chifladas, bucaneros confiteras de placeres; las que reprimen por orgullo la celosía de su sangre. No soporto la música del rencor o las que le suprimen al cuerpo ese aroma a perdidas, para que el deseo ventero no suelte el velamen del deseo. Las palabras de amor solo tienen dos caras. No imagino a mujeres límpidas en mi mar; he preferido callar nombres, para no tener que escribir dedicatorias con paréntesis. Solo las amantes nos inspiran triples o mas signos de admiración en los versos. Una vez más confieso, que fui un afortunado pescador sin dinero. La poesía es a las mujeres, como el carburo a las paredes. Toda poesía sin imaginación, será un adefesio a la belleza. Siempre cuatro paredes pueden ser una cárcel, una iglesia, un sepulcro o un nido de amor. He suprimido los gritos y los gemidos de los presos políticos, porque todos debemos aprender a pelear de alguna forma nuestras guerras; nadie debe pelear las nuestras y solo los idiotas pelean las guerras de otros. Se me hizo absurdo escuchar testimonios de soldados que habían sido llevados casi como mercenarios a Irak, y no sabían ni hacia adonde iban a pelear, ni porque estaban peleando allí. ¿Será por eso, que ahora agonizan sin sueños los caminantes? Escribo con la ilusión de ver algún día un sueño hecho realidad, aunque no veo a ninguno sobre la berma de mi camino. Agonizo descalzo, pisando de piedra en piedra, citando con el pecho a la cornamenta y a los ojos de las lanzas; por miedo a perderte, me aferro a los cabellos de tu recuerdo; así como otros lo hacen al miedo, cuando escuchan las trompetas de la guerra. ¡Me marcho a navegar la tierra! ¡Quizás vuelva después de conocer la muerte! Detrás del burladero se esconde el miedo o la capa que nos conducirá a la suerte de varas y después, hacia la muerte. Eres un incansable río, una tontilla que no se fatiga de morir en el mar. Yo soy aquel: ¡mar y alba! He llenado cuadernos con adefesios, transcribiendo desvelos y ejercicios e la lengua; adorada fiera, enamorada y amante de la rosa. ¡Nunca dejaré de buscar al mar, hasta encontrarlo! He escrito tantos versos, que ahora pienso que no vale la pena peder tiempo, pensando o seleccionando los válidos. Todos los versos son buenos o malos, según el momento. Para mí, los mejores versos fueron engendrados en los grandes amores; los otros pueden ser hermosos, pero siempre serán ligeros. El miedo no siempre es un buen amigo; ayer me aculillé y no me fui a conocer la vida de la mano de una de esas mujeres de mundo, que el silencio de las madres tilda de tener demasiado mundo o kilometraje. He vivido una vida aburrida e infame. Nunca recibí una carta para ir a buscarla o nunca supe, si me las escondieron. Ella quería enseñarme que la vida es poesía y que los días se pueden convertir en estrofas. Me encantan los versos claroscuros, porque intentan restaurar la belleza límpida de los sentimientos primarios; la metamorfosis depende de los reactivos o de los acelerantes del tiempo. Hay mujeres guapísimas que nos obligan a pasar por pruebas de fuego, como los deshumanizados morteros que le mezclan azul de metileno al azufre, para que aprendamos a distinguir las precipitaciones que nos pueden conducir al infierno. Me burlo de las ínfulas de los narcisos y de las narcisas, que se corren como toros en las noches de riñas de gallos, cuando se arrodillan a adorar al dinero. La metamorfosis embarca en naves de fuego, a nuestros corazones de sandia. Una coma o un punto aparte, pudo salvar mi vida. La palabra madrigal no me suena futurista, pero una carta de amor, si se puede transformar en una rosa. Se me olvidó hablar como los enamorados por teléfono y la última vez que lo hice, sentí vergüenza, porque no pude evitar el masturbarme, cuando me sentí comunicado con tu alma, con tu cuerpo, con tu piel. Me siento como un monigote confundido por la pasión y las formas del amor moderno. Las imágenes son más directas y menos poéticas; es como si las piernas no tuvieran que dejarle algo a la imaginación. Me fascinan los locos versos sinrazón de los tontos enamorados; esa sutil ingenuidad espiritual con la que se indispone la cordura lo los ohs y de las ahs, en el canto de las aleluyas de los dedos y de los besos. Conocí jovencitas suicidando lo mejor de su juventud, bajo mantos negros o sin atreverse a regalarle un minuto al amor. Sería una absurda necedad culpar de nuestros deslices a una cáscara de plátano. He dejado mi corazón a merced del viento marinero y en la cabeza de un juego de prendas; he visto como algunas lunas huyen de la realidad, dejando caer prendas a sus pies, para abrir nuevas brechas a la imaginación perdida. El honor es hoy, un poema sin título, un absurdo que anota los goles del viento. He encontrado en el mar, botellas perdidas con poemas o cartas que narran absurdas historias de amor; la nueva vida con la que se identifican los jóvenes, en nada se parece a los regalos con los que nos seducen los ángeles. Me he embriagado con los mejores caldos de la poesía. He intentado producir el mejor vino, para vivir embriagado con mis versos. La poesía es un vino, sutilmente oloroso a campiña, a virgen, a mamita linda. Sé que escribiendo poesía, nunca abandonaré al paraíso. Braceando casi agonizo; escasamente pude tomar un poco de aire, para llegar a duras penas a la orilla ¿del cielo o del infierno? ¡da lo mismo: calor o frío! Los amores imposibles siempre nos abandonan en el borde del abismo. Nunca conocí la carta de mi amiga suicida, quizás nunca la escribió, para evitarme remordimientos. He aprendido tanto de mis escombros, que pregono como revelaciones divinas, sus enseñanzas a los ciegos. Mis textos son extensos como la línea de un suspiro. Mis ángeles moran en cuevas como los murciélagos y transcriben sin encender la luz, los versos que rescata de las cenizas, la espada. He vencido a los demonios e las tinieblas. He rescatado mi alma de la desesperanza. ¡Lástima que las oraciones se pierdan en el limbo, sin respuestas! Ahora siembro mis esperanzas en la tierra. La voz de la estafeta se pierde en un absurdo eco, cuando encuentra deshabitada el alma. Todas las cosas deben tener un espíritu interior, una red de recuerdos, una colcha de lágrimas. Me siento desahuciado, deshabitado como un talego de ilusiones sin corazón. He sido una apocalíptica pesadilla y he pagado por culpa e la amnesia de Dios, más de dos veces con tormentos. La soberbia nos hunde en las metáforas del fin, en las tormentas bélicas de las soledades, en los números binarios que nos cosifican, en la tecnología que nos absorbe y en el sistema que nos borra con un insignificante clic. La verdad no dejará de ser un leve canto popular y el paraíso recuperado, un paraíso de perdición, un cuerpo para que se ejerciten nuestros sentidos. Me encanta el placer desenfrenado que nos brindan os pecados capitales, los descarrilamientos y los naufragios, por culpa e la velocidad que lleva el mundo o nuestras vidas. Tenemos que aprender a razonar como los que concibieron el vuelo, a pesar e tener conciencia de que carecíamos de alas. Nos hemos convertido en apocalípticos ángeles, avaros de lo material y con una insaciable sed de lo temporal. Nadie intenta ahora entrar al cielo; aunque con diezmos se intenta sobornar al cerrojo cancerbero. Pregono la era de los hombres pájaro y el gran triunfo del alma, sobre el destino murte del hombre mediocre. El alcohol potencializa los viajes del alma por el paraíso o por el infierno, como los ángeles cuando desaparecen por un tiempo y dicen que estaban desarrollando fórmulas en el desierto. En una mujer accesorio, el alma nunca encontrará la paz. A nadie fastidio con mi agonía, pero también sé que es imposible que el Sol se suicide, porque no es de carne, ni tiene sentimientos. Llevo las canciones de los ángeles de Nueva Orleáns en el corazón; pero he tapado con boleros las goteras e mi alma. He perdido la fe, por culpa de las catástrofes apocalípticas que veo y que han reducido a casi nada, la poca confianza que tenía en las oraciones. Nos acostumbramos a navegar ríos de sangre, en tiempos absurdos que llamamos de paz. ¿Será que Dios nos castiga para perfeccionarnos, templando nuestras almas con fuego? Me encanta divagar por el papel, cantando el absurdo de las imágenes que se interpretan en el carnaval teatral de los tontos o en absurdas representaciones en público que no valen cinco centavos. Somos dos veces imbéciles, los tontos que no le pasamos una cuenta de cobro a los dirigentes que se eligieron. Todos nos imbecilizamos con absurdas parodias, que no son más que la burla de nosotros mismos; muchos terminamos enamorados de quimeras, otros de mujeres-vaca y otros, los que creyeron un día en el ratoncito Pérez, terminaron pedaleando y pedaleando, para creer que le estaban dando vueltas a la vida. Voy a adelantar mi reloj, para abandonar esta melancolía y despistar al infortunio. Me intrigan las razones y las respuestas, que encuentran los que intercambian de pareja. Sé que mi vida se podría reducir a un poema de pocos versos, pero ahora la literatura se paga por cuartillas. Un filósofo retórico siempre será más comercial. Algún día conoceré, la Europa que ha imaginado mi corazón, ¡desafortunadamente la veré con otros ojos y con el sentir de un sobreviviente de la guerra! Intentaré publicar en reenvíos de Internet, hasta darme a conocer por este medio surrealista de editar. No voy a despedirme del tiempo perdido para siempre, ya que él me ha enseñado quién soy. Dudo de la escritura automática, que desconoce la técnica el tejido de punto o de la ingeniería de las telarañas. Escribir poesía es como improvisar trovas, cuando se le canta a la sangre de una rosa herida o a esas penas que zarpan sin voltearnos a mirar. No sé que más desean mis labios de la sangre del pan o del clamor de los labios madrigueras. Quiero bañar como el río a tu piel y echarme a dormir como una almohada, cubierto por tus cabellos. “Sé que no moriré de sed ni de viento”, canta el gallo de mi dulce amante, en un madrigal con ojeras, pero que no habla de matrimonio. ¡Casarnos: sería despedirnos del amor y la vida! El beso de una amante, siempre será el hermoso prólogo de un doloroso epílogo, en un solo suspiro sostenido, sin pestañas ni pensamientos.


Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com


2007-11-05
El Perro Vagabundo Hector Cediel Comentario por El Perro Vagabundo Hector Cediel el enero 27, 2009 a las 10:30pm
A LA AGONÍA DEL ALMA

Hay demasiados pasos, que debemos aprender a dar en silencio, en la vida; así la vida, solo nos recompense con ingratitud y una absurda indiferencia. He conocido la soledad, como cuenta de cobro por la dignidad y los grandes errores. He honrado la palabra, he respetado los valores y principios, así haya sido demasiado imperfecto como hombre. Siempre me he confesado conmigo mismo y a mi manera; me he impuesto penitencias, sin llegar al fanatismo absurdo del silicio. Junto al mar, solo soy viento y sueño de estrellas; quise ser un caballo con alas, un jinete galáctico, un naufrago rescatado por el amor y la familia. Hoy, no sé si viajo convertido en espuma o si fui simplemente un nardo para los pies descalzos, de quienes intentaron llegar en mi ayuda. Sé que ya pasó el tiempo para ser árbol, estrella, lámpara, faro o camino. El río pasó y se transformó en noche. Me oculté de la vida, bajo las sábanas en algunas ocasiones o noches con tormentas. Fui aurora o crepúsculo, para muchas vidas. Aprendí a beber agua y fuego. Rebusqué con desespero vino en pechos secos y tampoco pude saciar la sed en labios resecos, agotados, cansados. Los amores tardíos, nunca dieron más que mosto agrio y de color negro…nunca como el color del trigo… ya no recuerdo el color de tu corazón, ni los de tus sentimientos… No sé si las estrellas son paraísos muertos o vivos; si son edenes de hielo o ígneos; si son olimpos asexuados o hermafroditas. Me equivoque demasiado; ¡tanto!, que ya el desencanto se convirtió en una absurda costumbre. Me encanta observar el milagro más hermoso de la vida, después que escucho cantar un gallo… El amor siempre fue, un hermoso sueño; fue como percibir la vida de un hijo, dentro del vientre de la mujer amada…Me desperté un día y todo había muerto, a mí alrededor; me sacudí y la realidad era un mar, oscuro como una de las noches más tétricas. No me importa, que el amor no me acompañe en mi entierro. No me interesa que la tempestad haya talado, el pino de mi querida Bifidus. No me incumbe ni me toca, que el río no me escuche llorar. Me muero a pedazos, ante los ojos de los textileros, de esos viejos hombres mediocres; sin tu amor, estoy dos veces muerto. Estoy cansado de aguardar por ti. Estoy agotado. Me desespera el sentir, que me muero agotado en la oscuridad. Siento que mi alma agoniza. Mi tristeza esta cansada de arañar palabras y de ver como nacen, agonías de mi pecho. No pude desenmarañar mis sentimientos. Nada gané nada que se amerite recordar, tirándome los cabellos. Una voz invisible me gritó que estaba muerto, el día que me internaron en un sanatorio mental por primera vez. La vida me desolló y cortaron mi corazón, como si fuera una vulgar sandía. Tus muslos dejaron de verme con pasión y deseo, más rápido de lo que imaginé. Me encantaría morir ebrio, alucinado por unos buenos versos y contemplando las lágrimas, de mis venas abiertas. Me he golpeado contra las paredes del viento y he raptado sobre las arenas, rebuscando una cueva para atrincherarme. Me muero roto como un ventanal, con una pedrada en el ojo. Siento que muero desollado por tus pezuñas diabólicas.
Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
El Perro Vagabundo Hector Cediel Comentario por El Perro Vagabundo Hector Cediel el enero 27, 2009 a las 10:29pm
A LA AGONÍA DE UN POETA

Sin ti, pasé de la agonía, a una muerte profunda. Escasamente me despierto para tomarme una pastilla, contra el dolor en el alma y limpiarle a los ojos, la tierra. Extraño tus besos con aroma francés y al insomnio permanente, que dejó tu partida; desde entonces, más que un emigrante, soy un desplazado, un azota mundos sin esperanzas; un ciudadano sin tierra y con las raíces descabezadas. Mi Sol, no es el mismo que los ilumina a ustedes y el libro que escribo, se transformará en árbol…No sé si el miedo al destino, nos transforma en contrarrevolucionarios o en estatuas, a medida que nos momificamos; como esas modelos hermosas, a quienes se les seca la buena sangre. Ya le he limpiado al corazón las telarañas, pero le desapareció el encanto a la fe que profesaba. Mi vida ha quedado libre de mucha basura, de los aromas turbios del desamor, de los árboles de la soledad y de la escalera, que me permite descender al infierno o subir de cuando en vez hasta el cielo, para comparar ambos paraísos. Arden las paredes de mis huesos y se templa el miedo, como el acero toledano. Me he crucificado involuntariamente a muchos recuerdos; a aquellos sueños que rescate y evité ahogarse, en el llanto del río. La muerte es un viaje, que debería producir risa. He amado cuerpos heridos, como hojas por el granizo; ahora el cielo llora hielo y se deshielan las mortajas de la Antártica. No quiero amanecer muerto, sin haberte amado una vez más. Te quiero para morir, como una cereza en tu boca; empalando como un turista de paso tu sexo, antes que se convierta en una caverna desdentada. Quiero beberme contigo un café, antes de morirme. Matarme de tristeza, sería menos doloroso que asesinado por un anarquista revolucionario. Sé que el derecho a la vida, ya no figura en los derechos ciudadanos. No necesito para amar a un maniquí, ni una hembra para lucir en la tour Eiffel, ni menos a la matrona murte que me ofreció su amado engendro en bandeja de plata, para saldar con un mínimo de honor su vergüenza. No soporto a esas mujeres fastidiosas, que parecen haber dado a luz mascotas mariconas. Quiero despedirme de las que amé y de las que amaré, en los próximos años; después que se derrumbe el occidente y que se estrelle mi barco contra un submarino. Lo más duro será despedirme del Sol, de las flores, de los paisajes y de las florestas ecuatoriales de mis amigas. El destino me ha empitonado, un buen par de veces y he sabido sobrevivir, a un buen par de cornadas. He aprendido a subsistir en la desdicha, así como los peces lo aprendieron a hacer en el agua o los demonios en el fuego. He sido despiadado, cuando me he confundido con los burladeros, que me ofrecía la vida; suenan los clarines, como hojas revueltas por el viento; como la hojarasca que confunde a los valores o nos cambian de lugar los mojones por los que nos guiamos en la vida, para atracar en un remanso. Agonizo en un mar de tinta roja, que en mi primavera era azul cobalto; ahora es del color de los abismos, como los nombres que se borran de nuestra memoria, sin decir: ¡Good bye! Me muero con las botas puestas; navegando como un barco cargado con oro puro, escapando de los vientos diabólicos de los corazones, que solo rebuscan prisioneros en sus incursiones. ¡Soy el sueño de un océano! ¡Los meses que quise vivir de enero a enero, en Europa! Soy un marinero que observa con honor, a los arreboles de sus últimos crepúsculos ¿Llueve? ¡No!, es un suspiro de la tristeza…

Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
2008-03-01
El Perro Vagabundo Hector Cediel Comentario por El Perro Vagabundo Hector Cediel el enero 27, 2009 a las 10:29pm
A LA SED DE TU ECUADOR ARDIENTE

Posees el encanto de los amores tardíos y reconozco, el amargo del fuego que saborearé, por cruzarme en tu camino. Sé que nos seduce, el sabor de lo prohibido y las horas de los saxofones, que nos insinúan caderas y senos sensuales, como los cuerpos de las negras, en el antiguo harlem. Cuando me excito, te busco como un gato por los tejados y le aúllo a la luna, al sol y a las forasteras, que vienen a la ciudad en busca de aventuras o a perder su virginidad, como un lobo estepario o como esos solterones, que se crían bajo las enaguas de sus madres castradoras.

Has sido la gran ilusión de mi vida; esa amante que se esconde y me coquetea, desnuda desde el imaginario; la que me embosca, para que no descubra, los alcances de su maldad y me acecha, con la paciencia de los cocodrilos. Solo añoro embriagarme, en la fuente oscura de tus hermosas dunas, bancos de arenas y arcillas ardientes, como los dientes de tus besos o las enredaderas en las que mutan tus piernas, mientras me arrancas: ¡el último suspiro! Deseo recorrerte como un caballo árabe, desbocado como el viento del desierto y confundido, como un ovillo de sueños y desengaños.

Sé que muero como el equinoccio; por engendrar versos, con el sentimiento rojo, de un corazón herido y desengañado, por el ardid de tus artimañas. La poesía es el cuerpo de mi enamorada, es la mujer que siempre me esquiva, por creer que soy un perro vagabundo y no un solitario que vive de sus ilusiones, de sus utopías, en un mundo fantástico, donde solo las ilusiones son las realidades que se viven. Quiero perderme en el vértigo del grito; si no puedo llegar a amarte, porque es un absurdo imposible, el amar en una sola vía; sé que todas las respuestas, son necedades; simples respuestas, que pretenden apagar el incendio, de los grandes interrogantes del alma.

He buceado sentimientos profundos y ninguna respuesta, me satisface; creo en la sabiduría de los filósofos, de los libros y de los alcohólicos de las cantinas – la sabiduría popular, es infalible - . Quiero que mane con fervor, el magma del espíritu de mis sueños; que pueda interpretar a la luz, que otros añoran y ser el Sol ¡La gran estrella de los ciegos! Llueven olas de los corales del miedo y mis zapatos limpios, se erizan con tu sola mirada. Hay cicatrices oscuras que jamás sanan, como la noche en la que le arranqué el miedo a tu espinazo y te regalé, un pasaporte múltiple, hacia el libertinaje.

Me asomé con pasión por la rendija negra y no pude, vislumbrar tu alma ¡Solo la sed de tu corazón! Sondee tus raídas vestiduras y solo encontré: envases vacíos y recuerdos agónicos. Me he levantado del fango, pero nada me ilusiona, ni me hace feliz; me he desplomado, como el silencio entre tus piernas, pero me fastidia la hambruna y la hediondez, del osario de recuerdos ¡Solo nombres de la barbarie y ADNs revueltos, como una sopa de huesos! No sé si es mucho, el pedirte que me ames un poco. Las puestas de Sol, siempre me recuerdan, a tu adiós inconcluso, ahora me bebo a bostezos, lo que me resta de vida y le juego a la parca mi alma, sin marcar las cartas como los cobardes.

Me encanta besar las mejillas de tu vientre e intentar pisar, en zonas aún no descubiertas, para levitar como tus primeros conquistadores. Quiero atravesarte como un obús o una flecha amorosa; seducirte con el ritmo de la adrenalina y con los vasos azules, de tus caprichosos orgasmos; no sé, cual es mi itinerario contigo; solo me permites conocerte con absurdas sílabas o por la desnudez de tu cuerpo. Quiero soñarte, cuando te golpeo con mi sexo las nalgas y tu espalda, nos separa como un muro de púas y silencios.

Quiero llenarte la boca de peces. Juguemos, como las heridas solitarias, con los cabellos del tiempo; solo quiero rescatarte, de ese falso jardín en el que habitas; quiero romper las cadenas, de esa nostalgia carcelera, que te esconde como a una peligrosa hoguera. Eres como el grito de guerra, que callan las trampas; yo solo sueño, con llenar con versos, tu cuerpo y regalarle un salvoconducto a tu sexo, para que nadie te censure. Quiero tocarte esta noche, como a las cuerdas de mi melódica guitarra, para que jadees, como las luciérnagas enamoradas del mar. Quiero que revivamos las figuras, que se han secado por culpa e tus indecisiones.

Soy el grito esgarrado de la carne, que intenta poner a salvo, al menos los mejores versos. Me siento humillado, por las caracolas de las impenetrables doncellas, que me ven como a un dinosaurio o esa desesperada melancolía, que me envenena con sus besos. Mis versos ya no tienen la música, de las ilusiones de los corazones enamorados; contemplo como la epilepsia, a los esqueléticos arrecifes, soportando las embestidas diabólicas de los espolones, que tiñen con dolor al sexo, como transeúntes penes o simplemente: como los amores suicidas.

Ahora mis oraciones, no son más que guturales lamentaciones, como las súplicas en la ceremonia del desvirgue y la tozudez, para que hoy te cincele, como una escultura esculpida por la diosa Claudel, para que un animalejo como Rodin, te abandone sobre la hierba, como cualquier vulgar puta embriagada. He abortado casi todo lo que pienso, sobre la piel de las páginas en blanco. Soy como las victorias del Quijote, estrelladas contra las aspas del molino de los suspiros. No quiero sumergirme, en un silencio sordo e irrespirable; solo quiero naufragar en un mar de vino y ahogarme cantando, todos mis secretos.

Hoy solo añoro, lapidar con besos, todos los puntos cardinales de tus deseos; festejarte hasta eclipsarme dentro de tu carne, como un ciego, sordo y mudo, para poderme liberar de todas mis miserias. Me siento como una bestia, acosada por los cuervos y los hediondos murtes, alimañas indeseadas engendradas por la última menstruación del resentimiento; solo me compadezco de las metamorfosis de las putas, que desandaron sus pecados con dignidad y ahora se dan, golpes de pecho en los templos y piden perdón, por ser ahora tan buenas. Ya no suenan sus cuerpos, como tambores de guerra.

Quiero beberme toda la sed de tu Ecuador fogoso y apasionado, como carbones ardientes; como las caricias que transforman en talismanes, a mis besos. Eres la caracola, con sabor a venenoso mar; la amiga que solo me ofrece migajas y la sangre coagulada de sus desastres. Sin disimulo ni limitaciones, quiero que me expreses tus apetencias secretas, tus fantasías sublimadas. Eres el encantador placer que se doblega, como una mórbida orgía de ósculos, irreverentemente ardientes, como los ruegos negros de tu estrella.

Ahora el tiempo es más que una larga sombra y la esperanza… ¡Una pizca de felicidad!!! Todos mis recuerdos se transformarán en lágrimas y se abrazan a las entrañas del puñal, que me asesina poco a poco, como las noches que solo dan tumbos locos y las horas dementes, que se emborrachan, dándonos vueltas y revueltas, como una noche más, excitante y quimérica. ¡Calla! No quiero escuchar las justificaciones, ni a la sabiduría de tu fuego; el esplendor que podría ofrecernos el espejo celestino, solo expresa imágenes fatigadas, muertas, como los versos que expresan, los últimos orgasmos de las hembras envejecidas; como aquellas que lucen como maderos secos, casi fosilizados, sobre las playas… ¡Déjame envolver a tu soledad, con mis brazos! Enséñame antes de morir las palabras mágicas, para beberme la sangre, de las almas hermosas, sin piedad.

Eres hermosamente agraciada, atractiva y transparente, como el cristal límpido de Murano; como la primavera que florece en invierno, como una rosa de sharon; como la mujer que me rescató en el naufragio y ahora, es la capitana de mis nostalgias. Déjame golpearte a babor y a estribor, como las nalgadas del mar, porque estoy casi seguro que seré, el último sendero, de tus arrogantes historias. Tú lograste hacer, lo que no pudieron los vicios: ¡Destruirme! Y encerrarme ¡en una cárcel de fuego! Vivamos cada día, ¡como un reencuentro de amantes!

Necesito una mano que acaricie: mis palabras y mi cuerpo. Nunca serví para acariciar perros, ni gatos, ni mujeres mascota. No quiero quedarme solo, escuchando boleros o tangos, como la escoria mundana que brinda y bebe con las rocolas. No quiero volverle a arrancar, ni una lágrima a tus ojos. No intentes rescatar, ni desenterrar a mis malolientes infidelidades; ni vuelvas a escupir al piso, después de maldecirme con conjuros gitanos, como una rata murte, como una despreciable alimaña, o una sierpe confinada al infierno.

Las flechas venenosas de tu ausencia, azotan con las espinas de la rosa, al gladiolo; para satisfacerse con la tortura morbosa como los guerrilleros o los peones de los sistemas corruptos. Pasaron las luciérnagas, como caballitos de fuego, guiándome como faros sobre el mar; ignoré a las medusas mensajeras, que escribían malos versos y le encendí una hoguera al viento, para ubicarle mi alma.

Al borde del barranco, solo fluyen voces necias y los corazones que se exilian, rebuscando una caricia samaritana. Nadie rompe los ventanales de la buhardilla, así como no se le puede negar el cordel a las cometas. Algún día el mar, sepultará mis composiciones y el mundo añorará, a la fuente de mis versos. Un día…algún día… mañana quizás… regálame unos pelos de tu pubis para memorizar tu recuerdo; déjame embalsamarte con mi semen, como si esta noche, fuera la última… déjame desollar tu clítoris y beber coñac sobre tu ombligo…

He disparado todas las flechas esta noche y te he galopado como a una mujer de viento. Tu desnudez ya no es una alfombra con ojos, ni un vitral e llantos. Eres el puente entre la realidad y mi memoria. Me he sonrojado, por culpa de las mordazas que me quitaste y por la música del hermoso sexo, que me ofrendaste. Eres la mirada más hermosa, de todas las noches que he conocido; la alucinación de la espuma y los silencios de las sirenas, cuando se masturban sobre las playas, para arrancarse las flechas y vendar sus pieles, con besos de fuego.

Héctor”El Perro Vagabundo” Cediel
hcediel@yahoo.com
2008-01-28
Valentina AzulMooN Comentario por Valentina AzulMooN el diciembre 16, 2008 a las 4:46pm

¡¡¡Gracias Anna por seguir enREDandoNos!!!
 

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